La importancia de los exámenes de sangre en la hepatitis C

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Es común que a lo se solicitar exámenes de transaminasas se hable en “pruebas de función hepática”. El término es incorrecto, pues las transaminasas no reflejan el grado de deterioro que pueda existir en el hígado.

Resultados elevados de transaminasas muestran que las células del hígado están siendo destruidas, pero no indican el daño existente en el órgano.

En general en la fase aguda de las enfermedades las transaminasas son elevadas, no significando que existan problemas en el funcionamiento del órgano y cuando la enfermedad se encuentra en la fase crónica las transaminasas en general se encuentran poco alteradas, pero el órgano puede estar altamente comprometido. Así, no será por un simple examen de transaminasas que el médico va a poder evaluar el estado del hígado de sus pacientes. Muchas otras pruebas serán necesarios para un diagnostico correcto.

Por ejemplo, la elevación de la fosfatase alcalina y de la transaminasa GGT puede indicar una enfermedad colestática, con obstrucción de las tubería de la bilis o del árbol biliar.

El nivel de albúmina y el tiempo de protombina serían más correctos de ser llamados de “pruebas de función hepática” pues ellos miden proteínas fabricadas por el hígado y anormalidades en estos resultados en general indican un daño elevado de la función hepática.

La transaminasa TGP (también conocida por las siglas GPT o ALAT o ALT o SGPT) es el examen de sangre más solicitado en pacientes con hepatitis C, pero su nivel no tiene correlación con el grado de gravedad de la enfermedad. Entre 20 y 30% de los infectados con la hepatitis C que desarrollan serios daños en el hígado, hasta la cirrosis, presentan transaminasas normales.

La carga viral o PCR CUANTITATIVO es una prueba que muestra la cantidad de partículas víricas existentes en un mililitro de sangre. Es un examen muy importante para determinarse la gravedad de la enfermedad en la hepatitis B y en el SIDA, pero no tiene ningún significado en los infectados por la hepatitis C, sirviendo tan sólo como un elemento pronostico de la probable respuesta al tratamiento. La carga viral no indica mayor o menor agresividad del virus así como no indica mayor o menor daño en el hígado y ni siquiera sirve para se realizar un pronostico de la futura evolución de la enfermedad. Realizar PCRs de forma rutinaria en infectados por la hepatitis C fuera de tratamiento es un desperdicio de dinero que solo sirve para crear ansiedad innecesaria en el paciente.

La prueba de carga viral solamente debe ser realizada en la semana anterior al inicio del tratamiento y repetida en la semana 12. Comparando éstos dos resultados el médico va a poder evaluar si es necesario dar continuidad o debe se interrumpir el tratamiento. Es sabido que un paciente con carga vírica arriba de 850.000 UI/ML tiene posibilidades inferiores de respuesta terapéutica.

Muchas otras pruebas son frecuentemente pedidos a los infectados por la hepatitis C, entre ellos la alfa-feto-proteína que es un marcador de cáncer en el hígado, pero que debe ser evaluado de forma critica, pues en pacientes con hepatitis C puede dar resultados elevados sin estar en la presencia de cáncer en el hígado. Ante un resultado elevado debe ser realizado un rígido seguimiento.

Los marcadores de enfermedades auto-inmunes pueden estar presentes en hasta 25% de los infectados con la hepatitis C, sin necesariamente existir cualquier enfermedad auto-inmune. Estos exámenes incluyen los anticuerpos anti-nuclear, anticuerpo de músculo-liso, anticuerpos anti-mitocondrial o anticuerpos de la tiroides. La presencia de estos anticuerpos no parece influenciar la progresión de la hepatitis C.

La interpretación adecuada de los resultados de todos los exámenes es muy importante para poder evaluar la real situación de la enfermedad. Lamentablemente todas las pruebas sanguíneas son incapaces de indicar con precisión la fase en la que se encuentra la infección o la progresión de la enfermedad.

Entonces, a pesar de todos las pruebas de laboratorios, solamente con la realización de una biopsia del hígado es que realmente podrá se saber cual es la real situación del hígado, cual el grado de fibrosis, de actividad inflamatoria, de presencia de esteatosis, hierro, cobre, etc., y solamente con la biopsia es que el médico podrá tomar la correcta decisión sobre cual es la mejor estrategia a ser seguida.

Carlos Varaldo
www.hepato.com
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