La importancia de la adaptación psicológica al ser diagnosticado con hepatitis crónica

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Nadie está listo para recibir lo diagnostico de cualquier enfermedad, peor aún cuando la enfermedad es poco conocida de la población y, aún, es considerada una enfermedad crónica. Convengamos que la noticia no alegra a nadie y, peor aún, muchos pacientes estarán saliendo de la consulta con dos, no con una, enfermedad. Digo con dos enfermedades porque junto con la hepatitis muchos reciben como regalo un problema psicológico, resultando en ansiedad, miedo, depresión, incógnita sobre el porvenir y, otras «cositas» más.

En casos así, la adaptación psicológica a la nueva situación resulta fundamental, pues una persona que pasó a tener síntomas depresivos estará perdiendo mucho de su sistema inmunológico, sus defensas quedarán debilitadas, colocándolo en situación vulnerable al ataque del virus que acabó de descubrir, quizá sea ésa una de las estrategias de ataque del virus de la hepatitis.

Cualquier enfermedad crónica provoca mudanzas significativas en la vida del individuo, afectando la calidad de vida, alterando hábitos arraigados, afectando el bienestar. Un número significativo de pacientes, lamentablemente, no acepta la nueva situación de convivir con un virus en el organismo y desarrollarán trastornos psicológicos, desarrollando pensamientos negativos. Es llegado entonces el momento de reaccionar, de procurar ayuda si fuera necesario.

Es increíble, pero personas que nada sentían y que no presentan síntomas de ninguna especie, después de recibir el diagnostico pasan a sentir síntomas inespecíficos, entre ellos se sienten cansadas, pueden presentar debilidad, dificultad de concentración y memoria, relatan sentir un fastidio del lado derecho del abdomen y hasta con menor voluntad de participar de la vida social. Aparecen síntomas fisiológicos característicos de los procesos inflamatorios e infecciosos que también acontecen cuando diagnosticadas otras enfermedades, como el cáncer y la diabetes.

Pacientes diferentes reaccionan de forma diferente. Algunos enfrentan la nueva situación escondiendo sus emociones, evitando o inhibiendo cualquier manifestación que pueda ser observada por familiares y amigos, pero ésa quizá sea la peor forma de actuar, pues una mala adaptación a la nueva realidad estará empeorando la enfermedad. El médico no conseguirá dar a debida atención a un problema reprimido, afectando la comunicación con el paciente lo que resultará en falta de adhesión al tratamiento propuesto.

Aquéllos que expresan sus emociones son los que mejor logran enfrentar los problemas psicológicos. Aceptar y expresar los sentimientos y emociones requiere tiempo de adaptación a la nueva realidad, pero resulta en la disminución del mal estar, recupera el equilibrio psicológico y fisiológico y favorece la interacción social.

Pacientes que aceptan y expresan sus emociones pasan a vivir mucho más adaptados a las condiciones y situaciones al saber que están conviviendo con la hepatitis crónica. Siendo consciente de eso la adhesión al tratamiento es mayor, las mudanzas en el estilo de vida son aceptadas y la conducta con familia, amigos y compañeros de trabajos corren sin mayores traumas.

La adaptación no debe ser solamente psicológica. También los cambios en el estilo de vida deben ser vistos con naturalidad. Una vida saludable, con práctica de ejercicios físicos, llegar a tener el peso ideal a su altura y una alimentación balanceada es fundamental, pero siempre tomando el cuidado que el enfermo es el individuo y no la familia. Es normal ver que cuando un miembro de la familia es diagnosticado con presión alta la esposa pasa a cocinar todo sin sal, sacrificando toda la familia por qué uno de ellos no puede comer sal. Lo mismo acontece con quien descubre la hepatitis, todo bien que él no pueda beber bebidas alcohólicas, pero el restante de la familia no puede ser privado de un vino o una cerveza.

También, no todo es negativo al descubrir la hepatitis en su organismo. Por increíble que parezca muchos pacientes reaccionan de forma totalmente positiva. Aquéllos que siempre pensaban que ese tipo de cosas solamente acontece con los otros, descubren que no son seres superiores o intocables. El efecto negativo del diagnostico provoca en esos individuos un efecto psicológico positivo qué los lleva a encontrar una forma mejor de apreciar la vida, mudan prioridades, aumentan su determinación para efectuar tareas y mejoran su relación con grupos sociales y la familia.

La mejor terapia para enfrentar el convivir con una hepatitis crónica incluye estrategias destinadas a lograr actitudes optimistas ante la enfermedad. Vemos que muchos encuentran ventajas positivas, pues con el choque se dieron cuenta que no estaban en el camino correcto, que estaban pensando mucho en sí propio y no atentando para la relación con familiares y amigos.

Es curioso, no pensaba escribir sobre este tema, pero como estoy compilando más de 400 e-mails recibidos comentando sobre señales y síntomas sentidos por el infectado con hepatitis antes y después del diagnostico, con lo cual estamos escribiendo un libro interactivo, senté en la computadora y el texto arriba fue creciendo. Al mismo tiempo veo como fuimos felices, allá en 1998 cuando formamos el grupo, en haber dado el nombre de OPTIMISMO. En la reunión discutíamos que deberíamos aceptar y enfrentar la enfermedad con optimismo y pensamiento positivo, sin depresión, sin culpa, pues la información y el conocimiento de la forma de actuar de la enfermedad resultan en ser un excelente medicamento.

Carlos Varaldo
www.hepato.com
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