Tratando la hepatitis C en 2016

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Por culpa de los efectos colaterales y adversos del interferón con síntomas semejantes a los de la gripe el tratamiento de la hepatitis C es complicado. El interferón provoca baja de las plaquetas, caída de los glóbulos blancos, depresión, irritabilidad, problemas en la tiroides, entre otros problemas y, los efectos de la ribavirina provocando importante anemia exigen un médico especialista para administrar el tratamiento. Un médico especialista no solamente sabe cómo cuidar de los efectos colaterales y adversos, pero principalmente los podrá diagnosticar anticipadamente evitando que sean de tal gravedad que puedan colocar en riesgo el tratamiento o la vida del paciente.

Durante los 10 años en los que el interferón pegilado y ribavirina reinaban soberanos así fue el tratamiento. En 2011/2012 con la llegada de los inhibidores de proteasas Boceprevir y Telaprevir las posibilidades de cura en el genotipo 1 aumentan, pero en contrapartida provocan efectos adversos de mayor intensidad y gravedad, tornando el tratamiento todavía más complicado para médicos y pacientes.

Con la llegada del Sofosbuvir y del Simeprevir el tratamiento de la hepatitis C necesita aún del interferón pegilado y de la ribavirina, continuando obligatoriamente a ser realizado por hepatólogos, gastroenterólogos e infectólogos debidamente capacitados. Médicos de atención primaria o no especialistas evitan tratar la hepatitis C y, también, los pacientes huyen de médicos sin el debido conocimiento del tratamiento y sus efectos adversos. Los médicos especialistas son en número insuficientes para atender el número de nuevos infectados que están siendo diagnosticados y, aún, de cuidar todos aquéllos que no respondieron al tratamiento.

¿Con la llegada de los medicamentos de uso oral y libres del interferón continuará el tratamiento en manos de los médicos especialistas o, médicos de atención primaria con algún conocimiento del tratamiento de la hepatitis C podrán cuidar de los infectados?

La introducción de los medicamentos orales libres de interferón estará iniciando una nueva era en el acceso al tratamiento. No especialistas pasarán a tratar los infectados. Es importante incentivar esos profesionales los capacitando con informaciones correctas sobre el tratamiento.

Los nuevos tratamientos provocan un mínimo de efectos colaterales y raramente efectos adversos graves. Seguramente un médico de atención primaria, con la debida especialización podrá tratar de infectados que presenten fibrosis mínima o moderada, pero pacientes con enfermedad avanzada o con otras complicaciones deberán continuar siendo atendidos por los especialistas actuales.

Será necesario separar los pacientes, una especie de tría, y flujos de encaminamiento deberán ser establecidos por las autoridades de la salud y los consensos médicos. Un infectado con fibrosis mínima es muy diferente a un paciente con cirrosis. El infectado con fibrosis mínima o moderada es solamente un paciente con un virus en el organismo que hasta el momento no perjudicó su estado de salud, pero un paciente que ya llegó a la cirrosis es un paciente con su salud comprometida y por tanto deberá ser cuidado y tratado por un hepatólogo o gastroenterólogo o por infectólogo que se haya especializado en el tratamiento de los problemas del hígado.

Un ejemplo que muestra tal posibilidad de tratamiento por médicos de atención primaria acontece en los infectados con el HIV. Con el tratamiento actual de pocas píldoras por día y con pocos efectos colaterales, infectados con buena condición clínica están siendo tratados por clínicos y médicos de atención primaria, cosa imposible de pensar dos décadas atrás, pero los nuevos medicamentos permiten de esa forma ampliar a oferta de tratamiento.

Los nuevos medicamentos para tratamiento de la hepatitis C abrevian el tratamiento, de 48 semanas para solamente 12 (en pocos casos serán necesarias 24 semanas de terapia) y ya existen estudios para tratamientos de solamente 4 semanas o a lo más 6 semanas. Estamos frente a una revolución en el tratamiento, una realidad que debe ser aceptada y para tal el sistema de salud deberá rápidamente se adecuar.

Carlos Varaldo
www.hepato.com
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