Raul Saavedra Lopez – España

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Un día descubrieron que tenía hepatitis, en aquel entonces no A – no B y hoy simplemente C, y lo pasé muy mal por la ignorancia de algunos médicos. El de la Seguridad Social me dijo que tenía una cirrosis y solo se trataba de saber si me moriría pronto o duraría un tiempo para lo que debía hacer una biopsia. Esto me llevó a perder 13 kilos hasta que tuve los resultados, parte por el miedo y parte por la dieta severa a que me sometieron.

Otro médico de una sociedad particular me dijo que era una hepatitis crónica y hasta me fijó la fecha más probable de mi defunción. Ya más adelante, bajo la supervisión del Dr. Carreño, un eminente hepatólogo de enfermedades víricas, puede ir adaptándome a la idea de que probablemente moriría de cualquier otra cosa (el tratamiento de Interferón y rivabirina no había funcionado produciéndose una recidiva), pero con la enfermedad.

La verdad es que después de 26 años desde que la enfermedad dio la cara, ya que el momento de la infección no se puede saber y solo se puede suponer, solo tengo un grado 2 de fibrosis, bien es cierto que ayudado por algún tratamiento paliativo como el Ursuchol o las sangrías para disminuir la presencia del hierro en sangre, y con la única limitación que me he impuesto de cero de alcohol y de tabaco, además de ser cuidadoso con la ingesta de grasas.

No he contagiado a nadie, ni a mi mujer con la que he tenido muchas relaciones estos años sin preservativo, ni a mis hijos, con los que he convivido. El riesgo es nulo siempre que se tome precauciones con lo que pueda provocar un contacto sanguíneo, sea el cepillo de dientes o la maquinilla de afeitar, algo que debería hacer todo el mundo por muy sanos que se crean.

La progresión de la enfermedad es suficientemente lenta como para vivir una existencia normal, para ser feliz, o para emprender lo que se desee. Es cierto que otros amigos o conocidos con este problema se han muerto de cirrosis en este tiempo, pero todos me decían que una copita de vez en cuando o un poco de vino al día no es malo, y lo peor es que esto se lo había dicho sus médicos, quiero suponer que para evitar depresiones, pero yo creo que la depresión se combate con la verdad porque la enfermedad no dificulta mi vida normal, porque hay un tratamiento cada vez más eficaz, porque hay otros a punto de salir, y porque la confianza nos da más confianza, y si no lean al Grupo Optimismo y vivirán más tranquilos. Yo lo hago.

Carlos Varaldo
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