CONVIVENDO COM A HEPATITE C
Segunda Edição
Manual da convivencia - Solo en Portugués

A CURA DA HEPATITE C
Manual do paciente em tratamento - Solo en Portugués

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Estos artículos hacen parte de los libros "Conviviendo con a hepatitis C" y "La Cura de la hepatitis C" - Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa del autor, Carlos Varaldo




Lo que es a hepatitis C

¿Hepatitis C - Asesino silencioso?


Carlos Varaldo - Publicado en el Periódico El Globo el 16/12/2002

Son tantos los contaminados que la mayoría de los gobiernos censura las informaciones


Un nuevo virus, el de la hepatitis C, descubierto diez años despues el virus del SIDA ya contaminó entre 170 y 200 millones de personas en el mundo. Estos datos, son de la Organización Mundial de la Salud y muestran el impresionante tamaño de la epidemia de hepatitis C, cinco veces mayor que la del SIDA. El número de contaminados es tan alarmante que la mayoría de los gobiernos prefiere censurar cualquier información debido a los altos costos que serían necesarios en el tratamiento de los portadores. Médicos de la OMS denuncian que muchos países prefieren no detectar los portadores para no tener que gastar dinero con el tratamiento.

El modelo estratégico del avestruz, ignorando el problema, no va a evitar la pérdida de la salud en éstos infectados. Se nada es realizado de inmediato, millones de personas podrán desarrollar cirrosis o cáncer en el hígado en los próximos 15 años. El costo social con la pérdida de la capacidad de trabajo, jubilaciones, tratamiento de la cirrosis y probables trasplantes de hígado, será con seguridad infinitamente superior a lo que sería gasto con detección y tratamiento de los infectados. Hoy, de los millones de probables infectados, pocos están en tratamiento, siendo que 95% de los infectados del mundo todavía no fueron detectados. Continuando con el actual plan gubernamental de detección y tratamiento, necesitaríamos más de 600 años para tratar los actuales contaminados.

Es necesario despertar para el problema pues una vez detectados los portadores, con los tratamientos disponibles actualmente, por lo menos 600 mil vidas serían salvas de evolucionar para la falencia hepática, consecuentemente la muerte. Es urgente montar campañas de divulgación y principalmente de detección, equipar laboratorios y hospitales y entrenar profesionales de salud.

Curiosamente, son raros los nuevos contaminados, pues la mayoría de las formas de transmisión ya está controlada, lo que hace que las acciones a ser tomadas inmediatamente no sean de prevención y sí de detección y tratamiento. La hepatitis C es transmitida por la sangre; no hay comprobación de contaminación por fluidos corporales, como saliva, sudor, lágrimas, semen o leche materna (la madre contaminada puede amamantar). Abrazos, besos o compartir platos, vasos, cubiertos o ropa no contaminan. La contaminación sexual es posible, sin embargo muy rara. Entre las mayores fuentes de contaminación del pasado tenemos las transfusiones sanguíneas, posibilidad hoy descartada por los controles existentes actualmente en la sangre. El compartimiento de jeringas y agujas de inyección también es cosa del pasado. Aquella vieja pistola de vacunación que pasaba de brazo en brazo, con la misma aguja, también tuvo su uso abandonado. Actualmente los factores de riesgo continúan siendo el uso de drogas, inyectables o aspiradas, que representan dos tercios de las nuevas infecciones y accidentes con instrumentos perforo-cortantes, incluso con instrumentos de manicura. El portador de hepatitis C lleva una vida totalmente normal, pues la enfermedad no presenta riesgos de contaminación en la vida social, en la familia, o en el trabajo.

La hepatitis C es totalmente diferente de los tipos A o B en sus formas de contaminación. Puede ser comparada a una bomba vírica preste a estallar. Son necesarios recursos para enfrentar el desafío, caso contrario en los próximos 15 años habrá un verdadero genocidio, culpa de la ceguera y sordera de quien debía tomar inmediatas providencias. La hepatitis C puede ser un asesino silencioso, pero los gobernantes no pueden ser sordos a punto de ignorar el problema.

Carlos Varaldo es presidente del Grupo Optimismo de Apoyo a Portadores de hepatitis C

(Permitida su reproducción total o parcial de este artículo, citando la fuente)




Incidencia en el mundo


Mapa de la incidencia de la Hepatitis C
La Hepatitis C en el mundo - Junio de 1999
(Fuente: Estimativas de la OMS - Organización Mundial de la Salud publicadas en 21/01/2000, Weekly Epidemiological Record, N° 3,200,75, página 18)


El país con mayor incidencia es Egipto con más del 15% de la población contaminada. Los Estados Unidos tienen 2% de su población infectada. En el mundo, aproximadamente 200 millones de personas están contaminadas, lo que torna a hepatitis C la mayor epidemia de la historia de la humanidad. El principal problema es que más del 90% de los infectados desconocen estar enfermos, pudiendo contaminar otras personas y dejando de adoptar cualquier tratamiento.

Actualmente la mayor causa para la indicación de trasplantes de hígado son los casos de cirrosis derivados de la hepatitis C. El tratamiento de la hepatitis C es aún impreciso y no totalmente adecuado. Felizmente en los últimos años hubo avances considerables y hay muchos tratamientos promisorios en fase de pesquisas. Aunque la enfermedad sea aún incurable para aproximadamente mitad de los tratados muchas personas con hepatitis C mantienen sus vidas totalmente normales y la mayoría no presentan síntomas. Otros, aproximadamente mitad de tratados, consiguen la cura de la enfermedad.

Conceptos generales sobre la hepatitis C


La palabra hepatitis es formada de dos elementos: hepat(o) + ite, el primero referente al griego para hígado y la segunda un sufijo usual de las inflamaciones. Existen muchos tipos de hepatitis, que a su turno pueden tener causas muy diversas. Todas provocan la inflamación del hígado. Esta inflamación del hígado tiene carácter infeccioso cuando se trata de consecuencia de contaminación por virus. A hepatitis vírica es consecuente de varias enfermedades contagiosas causadas por virus que atacan el hígado. El tipo de hepatitis, en estos casos, depende del tipo de virus por el cual el portador fue contaminado.

Los tipos más importantes de hepatitis víricas son la hepatitis A, la hepatitis B, hepatitis C y la hepatitis D. Formas recientemente descubiertas de hepatitis víricas también incluyen las hepatitis Y, F y G. Otros virus también causan hepatitis, entre los más conocidos tenemos el del dengue, de la malaria y una infinidad de otros.

Formas no víricas de hepatitis pueden ser causadas por agentes tóxicos (drogas o substancias químicas), medicamentos, alcohol, o procesos auto-inmunes.

La hepatitis tóxica es un deterioro de las células causada por substancias químicas, como alcohol, drogas y combinaciones de productos industriales. Abuso de alcohol es una causa común de daño tóxico. Exposiciones a substancias químicas o tóxicas no pueden causar hepatitis vírica, como hepatitis A, B o C. Solo la exposición al propio virus es que puede causar infecciones por esas formas de hepatitis.

La hepatitis auto-inmune es una inflamación progresiva del hígado asociada a una anormalidad del sistema inmunológico, que se vuelve incapaz de controlar respuestas contra sus propias substancias, causando destrucción del tejido hepático y el mal funcionamiento del hígado. La hepatitis tóxica y a hepatitis auto-inmune no son contagiosas.

¿Existe la cura de la hepatitis C?


Vamos a realizar un pequeño viaje por el mundo de la medicina, comprendiendo qué prácticamente ningún medicamento cura 100% de los pacientes, cualquiera que sea la enfermedad. Esto se aplica tanto a medicamentos como a las vacunas y siempre una parte de los tratados o no logra la cura o en el caso de las vacunas, no consigue inmunidad.

Por qué algunos pacientes consiguen vencer una enfermedad y otros no es algo que puede ser acreditado a diversos factores. Las variables pueden ir desde el nivel de defensas de una persona a la actividad de su sistema inmunológico, el estadio de la enfermedad en el momento del tratamiento, la edad, el hecho de sufrir de otras enfermedades simultáneamente y hasta puede deberse a una alimentación pobre, deficiente, que no suministra los nutrientes necesarios al organismo.

Cuando hablamos sobre el cáncer y como ejemplo podemos citar el cáncer de mama en las mujeres o el cáncer de próstata en los hombres, sabemos que ambos pueden ser tratados y tienen cura. Sin embargo muchas personas no logran resultados y acaban muriendo. Esto no invalida afirmar que estos tipos de cáncer tienen cura. Todos concuerdan que existe posibilidad de cura del cáncer y que vale la pena tentar el tratamiento, así como todos aceptan que algunos no conseguirán la cura.

La hepatitis C fue descubierta hace pocos años. Tenemos en la materia 15 años de conocimiento y experiencia. Así, algunos médicos, sin el debido conocimiento científico, han sostenido determinadas informaciones no verídicas sobre la enfermedad.

Muchos portadores al recibir el diagnóstico, escuchan del médico que la hepatitis C irá a se transformar en cirrosis, después en un cáncer y que el paciente inevitablemente morirá víctima de la enfermedad. Otros escuchan que la hepatitis C no tiene cura, solo control. Otros, aún, que la hepatitis C es peor que el SIDA... y así en adelante, podríamos citar una lista interminable de gansadas, dichas por quien no sabe derecho que está hablando.

Con relación al desarrollo de la cirrosis en los infectados por la hepatitis C, los datos existentes hasta el año 2000 indicaban que entre 20 y 25% de los infectados desarrollarían cirrosis, dos o tres décadas después de la infección y que los restantes morirían de vejez antes de desarrollar un daño hepático considerado grave. Sin embargo, estudios recientes muestran que este número está sobrestimado y que el índice cierto de los que desarrollarán cirrosis en las dos o tres décadas después de la infección se sitúa entre 10 y 15%. Por tanto, se trata de un panorama mucho más alentador del qué nos pasaban hasta poco tiempo atrás.

Con relación a la posibilidad del portador desarrollar un cáncer, el índice es mucho menor; entre los cirróticos, solamente 5% al año desarrollan cáncer. El grave riesgo del cáncer en el hígado es en los infectados por la hepatitis B.

Ya cuando hablamos en el suceso conseguido por el tratamiento, el gran problema es la prueba PCR. ( PCR (Polymerase Chain Reaction) prueba utilizada para identificar pequeños fragmentos de virus ADN y RNA en la sangre. ) Hasta poco tiempo solamente existían pruebas de PCR con poca sensibilidad. Sin embargo a cada día aparecen pruebas de PCR capaces de detectar un número menor de virus. Hoy ya disponemos, con facilidad, de pruebas de PCR que consiguen detectar y dar un resultado como positivo cuando encuentran apenas 6 unidades del virus por mililitro de sangre.

El ideal sería disponer de una prueba que en la presencia de un único virus presentase resultado positivo y en ese caso, cuando la prueba nos de un resultado negativo, podríamos tener la seguridad de que no restaría ningún virus en el organismo.

Sin embargo, cuando nos referimos a la hepatitis C, generalmente hablamos en millones de virus por mililitro (hay algunos casos en los que ya fue observado hasta mil millones por mililitro de sangre). Así, el valor de 6 virus es realmente muy pequeño, insignificante, aunque sea un organismo capaz de rápida replicación.

Cuando se encuentran menos de 6 virus o no se encuentra ninguno, el resultado de la prueba aparece como indetectable, palabra correctamente usada, pues, como puede quedar la duda de se existen o no menos de 6 virus, no se podría usar negativo.

Seis meses después de terminado el tratamiento, para se saber si éste alcanzó un resultado sostenido, o sea, que se mantuvo estable, es preciso realizar una nueva prueba de PCR. De allí, por precaución, durante muchos años, se usó el término control de la infección. En los últimos ocho años, millares de pacientes de todo el mundo alcanzaron suceso en el tratamiento, logrando el ansiado resultado sostenido a los 6 meses después el término de los procedimientos.

¿Pero, qué pasó a estos pacientes? Hoy, disponemos de una serie de estudios que acompañan pacientes como éstos por años seguidos, para saber si el virus volvió a se replicar, o sea, si el paciente volvió a tener un resultado positivo en la prueba de PCR.

Los resultados de diferentes estudios muestran que, después de tres años del final del tratamiento, entre 98 y 99% de los pacientes que presentaron resultado sostenido a los seis meses después el tratamiento continúan con el virus indetectable a los tres años. Otros estudios ya acompañan pacientes hace cuatro, cinco y hasta ocho (como en mi caso) y hasta más años y el virus continúa indetectable.

Como el virus de la hepatitis C es de veloz replicación (un portador produce hasta mil millones de virus por día), sería de suponerse que, caso hubiese restado algún virus en el organismo del paciente, éste ya habrá tenido condiciones de reproducirse arriba del valor de detección de 6 unidades y de hecho, eso pasa con un porcentual elevado de pacientes en los primeros seis meses después el tratamiento. Sin embargo, al se estudiar qué pasa en los pacientes con resultado indetectable a los seis meses, se verificó que menos del 2% presentaron replicación en los 30 meses siguientes.

Con el resultado encontrado en estos estudios se pasó a usar la palabra CURA con relación a la hepatitis C, pudiendo se afirmar que el virus no se reproduce porque fue eliminado totalmente del organismo.

Los escépticos y algunos portadores, enojados porque no lograron suceso en el tratamiento, irán a contestar el uso de la palabra cura. Sin embargo no podemos nos basar en casos personales y sí observar qué pasa a grandes grupos de tratados, y con el total de los portadores.

Cuántos realmente logran la cura


Cuántos logran la CURA es todavía una gran duda. Publicaciones recientes muestran casos en los que se usó el Interferon Pegilado combinado a la Ribavirina, logrando resultados sustentados en 54 o hasta 56% del total de tratados. O sea, una mitad se queda satisfecha y pasa a creer en la cura, mientras a otra mitad, la de los portadores que no consiguieron buenos resultados, queda desilusionada y discuerda del término cura.

¿Sin embargo, será qué podemos usar esta media para el total de los infectados? No. Generalizar este número sería engañar los portadores, pues los criterios para participar de un protocolo de pesquisa son definidos por normas rígidas, selectivas, excluyendo una serie de portadores que no pueden participar del estudio clínico, sea por edad, grado de la enfermedad, condiciones clínicas etc., y que hacen parte del total de la población infectada. Así, éste dato se refiere solamente al perfil de la población que participó del estudio y no al total de infectados, cuando en realidad, si queremos saber cuántos de los actuales infectados conseguirán la cura, encontraremos un porcentual inferior de suceso, ya que muchos no pueden ser tratados.

Resumiendo, no podemos hablar en 54 ó 56% de respuesta para el total de los infectados y sí para aquéllos que pueden recibir el tratamiento. Al intentar calcular cuántos, en el total de infectados conseguirán la cura, debemos incluir todos aquéllos que no pueden recibir el tratamiento, como los anémicos, los cirróticos descompensados, los altamente depresivos y los que tienen otras enfermedades que no permiten el tratamiento. Entonces, el porcentual de los que lograrán eliminar el virus será inferior. En contrapartida, también no podemos dejar de incluir en este universo los 15% que, una vez infectados consiguen la eliminación espontánea del virus, lo que va a aumentar este mismo porcentual. No existen bancos de datos que permitan, hasta el momento efectuar un cálculo exacto.

Otra incógnita es cual será la respuesta al tratamiento en una determinada ciudad o región. Y ya sabemos que factores genéticos influyen en la respuesta obtenida. Está comprobado que personas de piel oscura logran un resultado inferior a los de piel blanca, que la edad de la infección es un dato importante, que la edad del paciente también influye, que las mujeres responden mejor que los hombres y que las personas delgadas o con peso normal responden mejor que los gordos. ¿Entonces, será qué los infectados de una determinada región son física y genéticamente iguales a aquellos qué participaron de los estudios clínicos?

En el caso de las discrepancias genéticas algunas poblaciones responden mejor al tratamiento que otras, solamente el avance de los estudios en esta área específica podrá deshacer el enigma. ¿Y por qué 15% de los infectados se curan sin necesidad de medicamentos? ¿Cuáles genes o proteínas diferentes poseen tales individuos? ¿No será éste el camino para pesquisa de nuevos tratamientos, o vacunas?

Los protocolos existentes hasta el momento incluyen un gran número de caucasianos (Europeos y Norte Americanos), y en algunos países, como en Brasil, la mezcla de razas es muy variada, alterándose incluso de región para región se mezclando el hombre blanco (de diversa procedencias e historias) al indio, al negro, al oriental etc.. Nuestra bendita ensalada de razas y culturas todavía no pudo, debido tal vez a la escasez de tiempo de pesquisa dedicada al asunto, ser estudiada en lo que se refiere a la respuesta al tratamiento.

Curiosamente podremos tener sorpresas para los dos lados; podremos nos quedar deprimidos por alcancemos una respuesta menor que esperamos o contentos por tenemos una respuesta superior. Solamente el tiempo podrá nos suministrar series estadísticas confiables. Por ahora, debemos tratar aquéllos que tienen indicación de que estén contaminados por el virus... y observar qué pasa.

Lo que podemos afirmar, hoy, es que existe la cura de la hepatitis C, debidamente comprobada para algunos de los tratados. Los números a cada día son más alentadores. Hasta 1995 solo era administrado el monotratamiento con Interferon y apenas 12% de los tratados conseguían resultados. Después de añadida la Ribavirina al tratamiento los números empezaron a subir, hasta que, con el Interferon Pegilado, llegamos a los datos que mostramos anteriormente y que solamente el tiempo podrá confirmar o apurar.

Acontece que no tiene a menor importancia, en el presente momento, definir cuántos logran se curar. Ni eso interesa a quien se descubre infectado. Hacer el tratamiento es no solo imperativo como también, efectivamente, una esperanza. Lo principal es saber que existe la cura, y que millares de pesquisidores están estudiando como mejorar el tratamiento, testando nuevas drogas etc.

¡Ya tenemos la cura! Vamos a rezar ahora para que los pesquisidores sean iluminados y para que en pocos años esta cura se posibilite para la gran mayoría de los infectados.

Las principales mentiras sobre la hepatitis C


MENTIRA 1 - A hepatitis c es transmitida dentro de casa

Es triste escuchar algunos médicos soliciten a la familia del portador para tener cuidados con los utensilios que él usa, como platos, vasos, cubiertos, toallas, sábanas o ropa. Si un médico dice esto, cambie inmediatamente de médico, y si posible lo denuncie, pues un médico como ése necesita volver a la facultad. No es posible aceptar que por falta de actualización la hepatitis C todavía sea comparada a las hepatitis A y B, con las cuales nada tiene en común, principalmente en la forma de contagio.

La contaminación doméstica es muy rara. Son necesarios apenas algunos cuidados especiales, no compartiendo cepillos para los dientes o cualquier objeto perforo-cortante, como los alicates de manicura, aparatos de afeitar o jeringas.

MENTIRA 2 - La hepatitis C es transmitida sexualmente

No es verdad. La hepatitis C puede ser transmitida por vía sexual, sin embargo es poco probable, pues, para que esto acontezca, es necesario que exista una herida en contacto con la sangre contaminada del compañero sexual. Solamente por esa posibilidad, es recomendable adoptar el sexo seguro, usando siempre el condón.

MENTIRA 3 - Alta carga vírica es peligrosa

No hay ninguna relación. Hay personas con alto carga vírica y ningún daño hepático, mientras otras, con cargas bajas, pueden avanzar rápidamente para el cirrosis. La cantidad de virus no indica un ataque más violento de la enfermedad o la existencia de un hígado dañado. A lo que parece en el sistema inmunológico, la actitud positiva y el estilo de vida son los temas más importantes para evitar un rápido avanzo de la enfermedad.

Solo lo que puede ser afirmado es que una alta carga de virus puede indicar una tardanza en la respuesta inicial del tratamiento. La mayor importancia de determinar la carga vírica es monitorizar la respuesta al tratamiento.

MENTIRA 4 - Transaminasas normales indican un hígado saludable

Es imposible saber el estado del hígado sin la realización de una biopsia, única prueba capaz de medir el daño hepático existente. Solamente en casos de cirrosis avanzada, algunos exámenes de sangre pueden mostrar el estado del hígado ya cirrótico sin necesidad de la biopsia. Muchos portadores con transaminasas normales evolucionan para la destrucción progresiva del hígado.

MENTIRA 5 - El genotipo 1 es el más peligroso

Puede ser el más difícil de responder al tratamiento y el más resistente al Interferon, sin embargo, en lo que se refiere al pronóstico de la evolución de la enfermedad, no tiene ninguna importancia. El genotipo no indica la velocidad de ataque del virus, así como no existen indicaciones de que un genotipo sea más agresivo que otro. Por el contrario, lo que se sabe, todos se comportan de modo similar.

MENTIRA 6 - Todos los portadores son ratones de laboratorio

Existen en tramitación muchas ensayos y protocolos clínicos realizados y financiados por fabricantes y universidades. Al se proponer a portadores la participación en un protocolo, estos ensayos ya se encuentran en la Fase II o III cuando las drogas usadas ya fueron testadas en animales y en algunos pocos voluntarios. En la Fase III, son testadas la dosificación ideal y los efectos en millares de personas, siendo una buena oportunidad para que muchos consigan los más avanzado tratamientos y exámenes gratuitos.

Como los avances acontecen muy rápidamente, es probable que el tratamiento que realizamos actualmente sea modificado en medio al camino, lo que lleva muchos portadores a pensar que están siendo tratados como ratones de laboratorio.

MENTIRA 7 - Los efectos colaterales son intolerables

La mayoría de los portadores empieza el tratamiento asustada, imaginando que los efectos del tratamiento son terribles. Esto no es verdad. Salvo algunas excepciones, que no llegan a 10% de los tratados, los restantes descubren que el tratamiento es razonablemente soportable.

MENTIRA 8 - Voy a morir de hepatitis C

La verdad es que todos vamos a morir. Sin embargo podemos afirmar que la mayoría de los portadores va a morir con la hepatitis C, y no por culpa de la hepatitis C.

El hallazgo precoz de la contaminación propicia la oportunidad de realizar controles y si necesario el tratamiento, enseñándonos a mudar nuestro modo de vida. Es muy probable que tales mudanzas en nuestro cotidiano y estilo de vida, eliminando las bebidas alcohólicas, manteniendo una alimentación saludable, con actitudes mentales positivas y un mejor cuidado de la parte física, todas ellas derivadas del susto que llevamos al descubrir la enfermedad, nos otorguen una expectativa de vida muy superior a aquella que tendríamos, manteniendo los hábitos antiguos.

MENTIRA 9 - La hepatitis C no tiene cura

Por problemas éticos, algunos médicos todavía usan las palabras indetectable o negativado en vez de la palabra cura. Otros son enfáticos en hablar en cura de la hepatitis C. Personalmente concuerdo con estos últimos.

Los médicos del primer grupo piensan que el PCR más sensible disponible solamente logra detectar el genoma del virus si la cantidad es superior a 6 unidades, no pudiendo, por ahora, usar la palabra CURA. Solamente cuando exista un PCR que detecte la presencia de un solitario genoma es que se podría emplear la expresión CURADO.

Debemos considerar que no existen datos estadísticos de largo plazo, ya que a hepatitis C fue descubierta solamente hace 15 años y que los primeros grandes grupos de pacientes tratados remontan a ocho o nueve años.

Los médicos del segundo grupo afirman y grandes estudios prueban esto, que pacientes que continúan con el virus indetectable seis meses después el final del tratamiento tienen la posibilidad de 98 a 99% de continuar libres del virus y con las transaminasas normales por muchos años. En estos pacientes, caso hubiese quedado un simple virus, el mismo se habría reproducido muy arriba de 6 unidades durante este período, lo que sería detectado por el PCR. Podemos afirmar que tales pacientes lograron erradicar totalmente el virus del organismo y que por tanto consiguieron curarse enfermedad.

¿MENTIRA 10 - Para que tratar si pocas personas responden al tratamiento?

Mentira, pues la probabilidad de respuesta al tratamiento depende de cada individuo, independiente del genotipo o del daño hepático existente y no existe ningún examen que pueda determinar cual respuesta el paciente va a conseguir.

Hasta en los casos en los que el virus no es eliminado existe una mejora en el estado del hígado y en las condiciones de vida del paciente y esto ya es una gran ganancia. La respuesta al tratamiento en los genotipos 2 y 3 llega a más del 70% de los tratados, con lo que podemos afirmar que las drogas actuales son altamente eficaces para combatir estos virus. Solamente en el genotipo 1, lamentablemente el más frecuente en nuestro medio, es que la respuesta al tratamiento se sitúa entre 30 y 42%, dependiendo del Interferon empleado.

MENTIRA 11 - La hepatitis C puede ser tratada con tratamientos alternativos

Está holgadamente comprobado que solamente el Interferon logra eliminar la hepatitis C. Los tratamientos alternativos, a base de hierbas, suplementos vitamínicos y minerales, técnicas orientales, místicos y otros tantos más, son excelentes coadyuvantes del tratamiento médico.

También son de gran valor para personas que no necesitan o no pueden ser tratadas, pues ayudan a mejorar el estado físico y mental, retardando el avance de la enfermedad. Muchos tratamientos alternativos aumentan las defensas del sistema inmunológico y proporcionan una sensación de bienestar que ayuda a combatir o hasta frenar el avance de la enfermedad.

Sin embargo, si un terapeuta afirma que puede conseguir la cura solamente con el tratamiento alternativo, lo mejor que usted puede hacer es abandonar inmediatamente este terapeuta y procurar otro profesional.








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Last updated 26.5.2005
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