NUTRICIÓN DE LOS ENFERMOS HEPÁTICOS

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“La terapia ortomolecular consiste en proporcionar a cada persona la concentración óptima de las sustancias que están presentes en nuestro organismo con el fin de corregir alteraciones y mantener una buena salud.”

Palabras de Linus Pauling, dos veces Premio Nobel e catedrático de Química en la Universidad de Stanford (EE.UU.) explicando sobre el efecto de la nutrición al hablar sobre el poder de la alimentación en el ser humano al se referir a la necesidad de ingerir vitaminas, minerales, oligoelementos, aminoácidos, enzimas, ácidos grasos, fitohormonas, etc., de forma correcta.

Debemos entender que nuestra alimentación determina el grado de salud que podemos presentar. Por tanto, nuestra alimentación deberá contener suficientes grasas, hidratos de carbono y proteínas así como vitaminas y minerales.

La alimentación en pacientes con hepatitis e sumamente importante. La hepatitis es una inflamación del hígado que puede deberse a una infección, a una intoxicación o a un proceso alérgico si bien las más frecuentes son ocasionadas por virus. Las hepatitis tóxicas suelen ser de origen alimentario o medicamentoso.

Sabemos que es un factor más decisivo para prevenir las infecciones que el sistema inmune se encuentre en buenas condiciones. Aunque la constitución genética influye en gran medida sobre la inmunidad también lo hacen los factores externos siendo los principales la dieta y unos buenos hábitos de vida.

La alimentación influye enormemente sobre la actuación de los glóbulos blancos que constituyen la primera línea de defensa contra las infecciones como es el caso de los neutrófilos -encargados de fagocitar bacterias, virus y células cancerosas- y de los linfocitos -entre los que se encuentran los linfocitos B y T y las células “natural killer” (asesinas naturales).

Los linfocitos B producen anticuerpos que destruyen bacterias, virus y células tumorales. Los linfocitos T dirigen muchas de las actividades inmunitarias y producen interferón e interleucina, dos agentes químicos fundamentales para bloquear las infecciones fundamentales en la hepatitis.

Para conseguir una buena calidad de vida es necesario reposar y dormir suficientemente y evitar realizar esfuerzos, controlar el estrés, las tensiones nerviosas y emocionales, evitar una dieta compleja y de difícil digestión, disminuir la ingestión de grasas saturadas, azúcares refinados o alimentos fritos ya que generan demasiados residuos metabólicos, sustituir los hidratos de carbono simples por complejos, consumir frutas y vegetales, consumir fibras vegetales para facilitar la eliminación de los residuos tóxicos y medicamentosos. También es necesario evitar todos aquellos alimentos que puedan sobrecargar la función hepática, no tomar en absoluto bebidas alcohólicas, aditivos o contaminantes químicos y, en la medida de lo posible, realizar el menor uso de medicamentos y aumentar el consumo de alimentos con poder antibiótico (ajo, cebolla, rábanos, puerros, etc.), y de aquellos que estimulan la actividad del sistema inmune y de los que poseen acción alcalinizante, como el limón.

ALIMENTOS RECOMENDADOS EN LAS HEPATITES:

– Aceites de semillas de primera presión en frío.

Excelentes para la salud cuando ingeridos sin abusar. Lo mejor es consumir diariamente aceite de oliva, rico en ácido oleico capaz de mantener el equilibrio entre las grasas saturadas e insaturadas.

– Acerola.

Es la fruta más rica en vitamina C y además contiene flavonoides (hesperidina y rutina). Mejora la función inmunitaria y la producción de interferón.

– Ajos, puerros y cebollas.

El ajo es un antibiótico natural. Es activo frente a numerosas bacterias, virus, hongos y parásitos además de ser rico en vitaminas y sales minerales. El puerro posee también acción antibiótica pero más suave. La cebolla es similar al ajo y rica en flavonoides, enzimas y sales minerales.

– Alcachofa y cardo.

Su contenido en silimarina e cinarina mejora la función hepática y desintoxica el hígado.

– Alfalfa.

Rica en oligoelementos y minerales que favorecen la síntesis de anticuerpos.

– Arándanos, cerezas, fresas y grosellas.

Contienen importantes antioxidantes y mejoran la circulación a nivel portal en el hígado.

– Berros.

Ayudan en la recuperación y el buen funcionamiento hepático.

– Cereales integrales.

Hidratos de carbono complejos que aportan vitaminas del grupo B necesarios para el buen funcionamiento hepático.

– Chucrut.

Favorece el metabolismo hepático.

-Ciruela.

Es muy baja en sodio, grasas y proteínas por lo que es adecuada en los casos de afecciones hepáticas.

– Cúrcuma.

La curcumina es un pigmento amarillo con efectos protectores para el hígado similares a la silimarina y la cinarina del cardo mariano y la alcachofa.

– Diente de león.

Tal cual la alcachofa y el cardo es uno de los alimentos indicados en la alimentación del enfermo hepático. Es un gran desintoxicador y depurativo del hígado.

– Frambuesa.

Facilita la eliminación de las sustancias de desecho que se producen en las infecciones.

– Jalea real.

Ejerce una acción revitalizante y tonificante de la función inmunitaria.

– Kiwi.

Inmunoestimulante por su contenido en oligoelementos, minerales y vitamina C.

– Lecitina.

Contiene colina, una vitamina necesaria para el metabolismo hepático.

– Legumbres y verduras foliáceas verdes.

Aportan ácido fólico que ayudan a la recuperación de los hepatocitos.

– Levadura de cerveza.

Fuente importante de vitaminas del grupo B, selenio, zinc, inositol y colina.

– Limón.

Es un alimento inmunoestimulante de gran utilidad en todo tipo de infecciones.

– Litchi.

Es muy útil por su acción inmunoestimulante.

– Manzana.

Descongestivo hepático.

– Melón.

Es hidratante y remineralizante. Favorece la reposición del agua y de las sales minerales, que se pierden en los casos de enfermedades infecciosas.

– Miel.

Contiene fructosa que facilita la formación de glucógeno y mejora el funcionamiento hepático.

– Nísperos.

Descongestionante hepático capaz de mejorar la hepatomegalia.

– Rábano.

Es rico en compuestos sulfurados entre los que destaca la rafanina, de gran poder antibiótico, antivírivo e inmunoestimulante, sobre todo a nivel hepático.

– Sésamo.

Contiene vitaminas del grupo B que facilitan el buen funcionamiento y la regeneración de las células hepáticas.

– Setas chinas: shii-take, mai-take, etc.

Estimulantes de la producción de interferón.

– Tapioca.

Es la harina de un tipo de mandioca que aporta hidratos de carbono de fácil asimilación sin contener grasas lo que facilita la función hepática.

– Tomates.

Ricos en carotenoides antioxidantes y en minerales de acción inmunoestimulante.

– Uvas.

Aportan azúcares naturales y vitaminas antioxidantes activando la función desintoxicadora. Estimula también la producción de bilis lo que descongestiona el hígado y facilita la circulación de sangre por su interior. Facilita el retorno de la sangre del aparato digestivo al hígado con lo cual disminuye la hipertensión portal.

ALIMENTOS PERJUDICIALES PARA LOS ENFERMOS HEPÁTICOS:

– Alimentos fritos.

No son recomendables por su riqueza en grasas que se oxidan por el calor de la fritura.

– Alimentos refinados.

Debilitan las defensas orgánicas al privarnos de nutrientes importantes. El mas conocido es el azúcar refinado.

– Alimentos tiramino-liberadores.

Comprende los quesos y carnes preparadas, los fiambres, los alimentos ahumados, el vino blanco y el chocolate.

– Azúcares.

Todos ellos, en exceso, logran disminuir la respuesta inmunitaria frente a las infecciones.

– Bebidas alcohólicas.

Resultan altamente perjudiciales para el hígado. La abstinencia debe ser total. La ingestión de bebidas alcohólicas agrava la ictericia.

– Carne y embutidos.

No son recomendados porque contienen grasas saturadas, sal y proteínas en abundancia.

– Chocolate.

Contiene azúcares y grasas en abundancia por lo que está contraindicado.

– Leche y derivados.

Sobre todo cuando son leche y derivados enteros pues estos exigen del hígado un esfuerzo extra que no conviene cuando existen alteraciones hepáticas. La leche descremada es más recomendable.

– Mantequilla, hígado de animales y lácteos grasos.

La vitamina A preformada que contienen estos alimentos podría acumularse en el caso de padecer alguna hepatopatía y provocar o aumentar la inflamación del hígado.

– Nata.

Contiene una gran cantidad de grasa láctea por lo que su digestión implica un esfuerzo adicional para el hígado.

– Sal.

Favorece la ascitis por lo que debe limitarse su consumo o evitarse totalmente.

COMPLEMENTOS DE VITAMINAS Y MINERALES NECESARIOS PARA EL FUNCIONAMIENTO DEL HÍGADO:

– Complejo B.

Sus vitaminas son indispensables para el mantenimiento del hígado en buen estado de funcionamiento.

– Vitamina B12.

Su deficiencia dificulta la capacidad del sistema inmune, sin olvidar que también es necesaria para sintetizar distintas enzimas, colina y material genético.

– Ácido fólico.

Favorece la actividad hepática.

– Selenio.

Es deficiente cuando existe cualquier alteración hepática pero además tiene una importante actividad sobre la función inmune ya que estimula la actividad de los leucocitos. La Castaña del Brasil es la mejor fuente de Selenio.

– Factores lipotrópicos.

Evitan la infiltración grasa del hígado y favorecen su función. La metionina es convertida en cisteína y ésta en glutation, péptido de gran importancia en la defensa contra numerosos agentes tóxicos. El glutation se combina directamente con las sustancias tóxicas, forma compuestos solubles en agua y se produce más fácilmente su excreción a nivel renal.

– Ácido lipóico.

Es un potente antioxidante, protege al hígado de los daños causados por la acumulación toxémica y, a la vez, actúa como potente detoxificador.

– N-Acetil cisterna.

Es un potente protector hepático con capacidad para neutralizar diferentes compuestos tóxicos.

– Vitamina C.

Tiene un importante papel por su actividad frente a los contaminantes; además es fundamental su papel en la actividad del sistema inmunitario. Protege al ácido fólico de la oxidación, en particular, y a otras sustancias, en general. Tiene una conocida actividad antivírica aumentando la actividad linfocitaria e incrementando los niveles de interferón natural.

OBSERVACIÓN IMPORTANTE: Vitaminas y complementos minerales solo deben ser utilizados sin exceder las dosis diarias recomendadas y nunca deben ser utilizados sin consultar anticipadamente al médico.

Carlos Varaldo
www.hepato.com
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