Alimentación en la cirrosis hepática

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Por Pascual Martínez *

La cirrosis hepática es una hepatopatía de carácter crónico que puede tener una etiología variada y que cursa con astenia, anorexia, náuseas, meteorismo, dispepsia, estreñimiento, diarrea y mala absorción de nutrientes. También pueden aparecer complicaciones como ascitis, varices esofágicas, encefalopatía que deberán de seguir un control médico.

Recomendaciones dietéticas básicas:

– Evitar el alcohol, el café, los alimentos fritos, los alimentos grasos (embutidos, vísceras animales), lácteos enteros (tomarlos mejor desnatados).

– Evitar el estreñimiento.

– Disminuir la ingesta de proteína animal y aumentar el consumo de proteínas de origen vegetal.

– Aumentar el consumo de productos frescos, como frutas y verduras.

– Potenciar los alimentos que favorecen la función del hígado (endibia, escarola, apio, rábanos, alcachofa, zanahoria, nabo).

A partir de aquí lo más importante, a nivel dietético, será tratar las manifestaciones que presente el enfermo, es decir: En el caso de presentar diarreas, realizar una dieta astringente con líquidos (en pequeñas cantidades) para reponer las pérdidas y con alimentos sólidos, como el arroz hervido y zanahoria; tomarlos en ligeras comidas repartidas durante el día (1º y 2º día). A medida que vayan mejorando los síntomas, a parte del arroz, añadir pequeñas cantidades de pollo o pescado y algo de pan tostado (3-4º día). A partir de aquí, y de forma gradual, introducir sopas, sémolas y caldos suaves como jamón cocido, patatas y verduras hervidas, en poca cantidad, también carne y pescado, e incluir algunas cucharadas de yogurt natural sin azucarar. Observar si no se presentan cambios, para volver de forma paulatina a la dieta habitual.

En caso de estreñimiento, deberíamos de aumentar el consumo de fruta fresca y madura en el desayuno, entre horas, por su gran aporte de fibra soluble (pectina) y agua. Aumentar La ingesta de verduras y hortalizas, yogur o kéfir, para mejorar la flora intestinal, disminuyendo la bollería y pastelería. Consumir arroz y pasta integrales, evitando la utilización de laxantes.

El consumo de proteínas, si no existen problemas, debería ser el habitual (0’8-1 gr de proteína por kg de peso), siempre teniendo en cuenta tomar más proteína de origen vegetal: como las legumbres (garbanzos, lentejas, alubias, soja, azuki), de origen animal tomar preferentemente pescados, reduciendo el consumo de proteínas cárnicas a 1-2 veces por semana.

Los productos lácteos mejor desnatados; en cuanto a los quesos, evitar los secos y muy curados, así como la nata. En el caso de que existiera algún problema de intolerancia a la lactosa o a la caseína, para poder suplir la pérdida de calcio, es recomendable la ingesta de una cucharada sopera diaria de semillas de sésamo, ya que su contenido en calcio es parecido al de la leche, y aumentar la ingesta de alimentos como espinacas, almendras, berros, sardinas, garbanzos, lentejas, puerros, cebolla, boquerones, acelgas y brócoli que contienen cantidades importantes de calcio.

En el caso de existir ascitis, debería seguirse una dieta hipo-sódica, disminuyendo el consumo de sal y aumentando el de especies, como el perejil, la pimienta, el orégano, azafrán etc., para mejorar el sabor de los platos que preparemos; estar enfermo no significa no poder disfrutar de la comida.

Si la enfermedad está avanzada, la dieta deberá de suplir las carencias que ésta presente; las más habituales son el déficit de vitaminas liposolubles (A.D.K.E), en cuyo caso deberemos aumentar el consumo de sardinas y pescado azul para la vitamina D (esencial para la fijación de calcio en los huesos ), consumir brotes de verduras en especial de alfalfa por su contenido en vitamina K (vitamina necesaria para la coagulación), aumentar el consumo de frutas y verduras de color naranja-amarillo y de hojas verdes por su contenido en beta-carotenos, que en el organismo se transforma en vitamina A, y consumir cereales integrales, avellanas y nueces sin tostar, junto con aceites vegetales como el de oliva y lino por su aporte de vitamina E.

Si la persona presenta obesidad, problemas de litiasis biliar, hipertensión portal o encefalopatía la dieta debería de adaptarse de forma individual.

En cualquier caso, siempre se aconseja consultar con su hepatólogo.

* Pascual Martínez
Dietista nutricionista (Miembro de la Asociación Española de Dietistas Nutricionistas)
Naturopatía- Acupuntura-Flores de Bach
Kinesiologia – Par biomagnético

Articulo original publicado por Associació Catalana de Malalts d’Hepatitis (ASSCAT)

MI COMENTARIO PERSONAL:

Este artículo podrá confundir con relación al consumo de café, pues existen estudios que comprueban que el café ayuda a disminuir la progresión de las enfermedades hepáticas.

Pero el presente artículo está se referiendo a personas con cirrosis y que ya presentan poca capacidad en procesar aquello que ingieren, motivo por el cual deben tomar cuidados especiales.

Carlos Varaldo
www.hepato.com
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