Explicando la Cirrosis

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El término “Cirrosis” deriva del griego “Kirrhos” que significa una mezcla de los colores amarillo y naranja. Muchos son las causas que pueden llevar un hígado al estado de cirrosis, no solamente el alcoholismo como popularmente es hablado. Entre ellos podemos citar las principales causas, lamentablemente poco difundidas, que son las hepatitis B, C y D, la esteatosis (grasa en el hígado), el exceso de hierro, algunos medicamentos, suplementos dietéticos y diversas enfermedades que atacan el hígado.

Una de cada cuatro personas infectadas con hepatitis C, si no diagnosticada precozmente y sin recibir tratamiento desarrollará cirrosis. El proceso empieza cuando el organismo tienta se librar del virus C produciendo enzimas hepáticas. Cuando el proceso continúa sin suceso empieza la formación de fibras (fibrosis) y cuando las lesiones continúan avanzando el tejido hepático empieza a quedar cicatrizado, endureciendo el hígado por la falta de circulación de la sangre y, entonces, la cirrosis está establecida. Ese proceso lleva, en media, más de 20 años, pero en algunos individuos, que por otras causas están perjudicando o hígado, la cirrosis puede aparecer en pocos años.

Un modo de describir el proceso de fibrosis y cirrosis podría ser lo qué pasa cuando alguien sufre un accidente y quiebra una pierna. La pierna queda hinchada (similar a la inflamación en el hígado) y el médico va a inmovilizar colocando yeso, eso es necesario para evitar que la inflamación impida la circulación de la sangre y forme necrosis en los tejidos, cuando entonces aparece la gangrena. Podemos imaginar a grueso modo que el proceso que llevó a la gangrena fue la causa de la inflamación, de la fibrosis y la gangrena ya sería el estado de cirrosis si nos referimos al hígado.

El hígado es un órgano que sufre en silencio. Raramente alguien que siente una incomodidad en la región del hígado sale corriendo para procurar un hospital. La falta de síntomas que presentan las hepatitis es lo que dificulta el diagnostico, muchas veces ni los médicos desconfían que o paciente pueda estar con infectado.

Un médico experimentado, aquéllos (cada día más raros) que palpan el paciente puede diagnosticar algunas anormalidades. Un hígado normal es blando y liso, un hígado con cirrosis es duro e irregular. El bazo puede estar dilatado en la presencia de cirrosis. También marcas rojas en la piel en la parte superior del cuerpo o en la cara, resultados de exámenes que muestran plaquetas bajas, aumento en el tiempo de coagulación, colesterol abajo de los límites son indicativos por los cuales el médico puede sospechar de un hígado dañificado. En las etapas más avanzadas la cirrosis puede provocar un déficit en la albúmina y un aumento en la bilirrubina.

La ecografía y otros exámenes por imagen no son confiables para diagnosticar el estado del hígado. La forma más segura de diagnostico es la realización de la biopsia hepática, examen que no presenta mayores riesgos. Solamente en casos de cirrosis es que la biopsia puede ser peligrosa si realizada por un médico poco experimentado. Pero si o paciente con cirrosis presenta varices en el esófago y por la ecografía se observa la vena puerta del hígado dilatada y los resultados de los exámenes de sangre muestran alteraciones características el diagnostico de cirrosis estará confirmado, no siendo necesario someter el paciente a una biopsia.

Es importante destacar que existen dos etapas en la cirrosis. La llamada cirrosis compensada no presenta mayores problemas para el paciente. La segunda etapa es llamada de cirrosis descompensada, cuando aparecen las complicaciones causadas por el deficiente funcionamiento del hígado, como la ascitis (hinchazón de la barriga causada por la acumulación de fluidos), sangramiento de las venas del esófago (en general con vómitos de sangre) o finalmente, en los casos más graves, la llamada encefalopatía hepática, en la cual al comer proteína animal el paciente puede hasta entrar en coma. La cirrosis descompensada es llamada de enfermedad hepática terminal y en ese caso debe se pensar en la posibilidad de un trasplante de hígado.

El hígado desempeña más de 500 funciones. Todo lo que se bebe, se come, se respira o se coloca en la piel debe ser procesado (metabolizado) por el hígado, el cual purifica los tóxicos y produce los nutrientes y proteínas necesarias al organismo. El hígado es la tal “fabrica” que alimenta el cuerpo.

Un hígado con cirrosis puede provocar algunas (no todas en todos los pacientes) complicaciones:

– Picazón intensa;

– Facilidad en sufrir hematomas y hemorragias;

– Osteoporosis o pérdida de masa ósea;

– Mayor posibilidad de sufrir infecciones;

– Pérdida de masa muscular;

– Alteraciones en los niveles de glucosa;

– Ictericia (ojos, piel y orina amarilleada);

– En los hombres, aumento de las mamas y disminución de los testículos;

– En las mujeres alteraciones en los ciclos menstruales;

– Problemas renales;

– Acumulación de fluidos en el estomago y en la extremidad de las piernas;

– Varices en el esófago y hemorragias intestinales;

– Encefalopatía hepática;

Pero no todo es ruin para quien tenga un hígado con elevados daños. El hígado es un órgano tan extraordinario que en aquéllos con cirrosis es capaz de compensar las deficiencias causadas por el cirrosis en aproximadamente 80% de los pacientes con hepatitis. Eso significa que la mayoría de las personas puede llevar una vida prácticamente normal por muchos años, de forma activa.

El control médico es necesario, con consultas periódicas para evaluar con cuidado un posible avanzo de la enfermedad, y si el médico detectar un aumento de la gravedad el paciente será encaminado a un equipo de trasplante. Después del trasplante, hoy una cirugía más común que en la década anterior, el individuo pasa a tener una vida con muy buena calidad de vida.

Carlos Varaldo
www.hepato.com
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