Javier – España

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Lo que no mata, engorda…

En mi caso, todo empezó con un reconocimiento médico rutinario en el trabajo, allá por 1995. Las transaminasas estaban muy elevadas, unas cuatro veces por encima del máximo. Como yo me encontraba perfectamente, lo achaqué a un error del laboratorio.

Al año siguiente, otra vez las transaminasas igual… en esta ocasión, decidí ir a mi médico. Como parte de la investigación, me hizo pruebas de todos los tipos de hepatitis, dando como resultado que tenía hepatitis C.

No me aclaró mucho más las cosas. Pero bueno, ya era una respuesta. Me dijo que tenía que hacerme un análisis de sangre mas detallado. Cuando fui a que me sacaran sangre, la enfermera que lo estaba haciendo, al ver el tipo de pruebas, me preguntó: “¿Tienes hepatitis C?”
Le dije que sí.

Ella, con la voz quebrada, me dijo: “Mi marido también. Le han puesto el tratamiento, que le ha dejado fatal y muy delgado, y encima ahora sus transaminasas son todavía mas altas que antes…” Se puso a sollozar mientras me sacaba sangre.

Yo me quedé mudo, y pensativo y angustiado fui al especialista, tenía cita con él.

La consulta fue breve:
“Bueno, tienes hepatitis C…
-¿Te han operado alguna vez de algo?
-No.
-¿Transfusiones?
-No.
-¿Has tenido prácticas homosexuales?
-No.
-¿Te drogas?
-No.
-Venga, sin reparos, confiesa que has tenido prácticas homosexuales…
¡NO!
-Pues entonces, eres lo que llamamos de contagio esporádico.
-Ah.

Lo primero de todo, NADA de alcohol, ni cerveza sin alcohol, que también tiene algo… ¡Ah! Y nada de grasas. El mes que viene, te hacemos una biopsia y así vemos cómo evolucionas.” Yo pregunté: “¿Pero, cómo me curo de esto?”
“Hay un tratamiento que te pondremos, pero hazte a la idea de que esto no tiene cura…”

En casa, desolado, hice lo peor de todo: informarme yo solo por internet. La información por entonces era poca y toda ella negativa.

Yo todavía no tenía ni treinta años, tenía una novia y estábamos imaginando nuestro futuro… y unos análisis me estaban negando ese futuro. Algo que me dicen que tengo pero que yo no siento, yo me encuentro perfectamente…

Encima, tengo miedo a las agujas, a los análisis… ¿Qué es eso de la biopsia? Me vuelvo a informar… Decididamente, no me la hago. Si estoy condenado a muerte, por lo menos me quito ese sufrimiento de encima…

Mi vida siguió, los años pasan…

Años de angustia, de negación de la realidad. Como único interés, me hago una tabla con los niveles anuales de transaminasas… siguen siempre igual, demasiado elevados.

Corre el año 2008, el tratamiento combinado de interferón pegilado y ribavirina ya existe. Mi angustia también es saber cómo me contagié… Haciendo memoria, a los catorce años me tuvieron que quitar algunas muelas para ponerme una ortodoncia y colocarme la boca… en aquellos tiempos, ni se sabía nada de la enfermedad, ni las agujas de anestesia eran de un solo uso… las hervían…
Tuvo que ser ahí…

Si fue ahí, entonces hace unos 27 años que tengo esto… y las estadísticas hablan de una media de treinta años para desembocar en una cirrosis… creo que tengo que hacer algo. Por entonces ya había aprendido a filtrar la información, a eliminar la exagerada (que por desgracia, es la mayoría) y quedarme con la real.

Me pongo en manos del especialista, me hago la biopsia muy a pesar mío… Como resultado, fibrosis grado 1 (es decir, mi hígado empieza a estar “cansado de aguantar”, pero todavía está recuperable).

Lo peor: Genotipo 1, un 40% de éxito en el tratamiento. Encima el hierro está alto, lo que parece ser que dificulta el éxito.

Sé perfectamente cuáles son los efectos secundarios si me trato. Mi mujer también lo sabe, está dispuesta a afrontar el reto. Nos lanzamos a ello. Ella, durante todo el año, me aplicó un tratamiento de Reiki para cuidarme.

A mí me gusta volar en parapente. El interferón me lo ponía los viernes, y prácticamente te aseguran que el fin de semana lo pasarás en cama… pues yo los sábados madrugaba para irme a volar… era una forma de liberarme.

Perdí mucho peso, rocé la anemia, mis fuerzas se quedaron en cero, me agotaba… pero mi mujer me daba Reiki, y yo seguía volando…

Mi humor era muy malo, estaba eternamente enfadado. Mi mujer me perdonaba todo. Estaba depresivo. Fue el peor efecto secundario, el mental, porque estás dentro de un pozo y no te das cuenta… crees que eres tú, y no lo eres…

Acabé el tratamiento…
No hay virus en sangre.
Un año después, sigo sin virus. Yo, como soy optimista, hablo de CURACIÓN.

Supongo que todos los virus juntos, pesarán algo… si al final pude con ellos, técnicamente me los he comido… Lo que no mata, engorda…

La vida es demasiado interesante como para recrearnos en nuestras desgracias y no atrevernos a mirar más allá…

Carlos Varaldo
www.hepato.com
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