Rita Luengo, 44 años, febrero 2010. Paciente con hepatitis C, genotipo 2 – Brasil

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Soy Rita Luengo, tengo 44 años. Descubrí que era portadora de hepatitis C día 19 de diciembre de 2007. Pero desde cerca de dos años antes yo sabía que había algo de errado conmigo y ningún médico descubría la causa. Sentía cansancio excesivo, problemas de piel, picazón en la parte inferior de los muslos. Pasé por dermatólogos, alergistas, y en la vuelta de los síntomas sin medicación, el diagnóstico era “estrés” y la recomendación era hacer actividad física, relajar, usar ropas de algodón. Resumiendo mis actividades diarias en un trabajo externo continúo de 13 horas, una casa grande, dos hijos pequeños, un esposo, una suegra y una perra, necesariamente en este orden, y cada cual con sus demandas específicas. De modo que el diagnóstico de “estrés” tiene fundamento. Soy encuestadora científica, y eso significa entrenada en hacer preguntas y buscar respuestas. Sabía que no era solo “estrés” que yo tenía, aunque ése sea un fuerte candidato. Después de la fuerte picazón en los muslos, pensé estar con sarna, y desesperada confieso, procuré mi ginecólogo de más de catorce años y un buen generalista, para me ayudar. Me recuerdo de decir: “-Dr. Francisco, el señor me conoce tiene más de catorce años, hay algo equivocado conmigo y no es solo “estrés”. ¿Cómo vamos a descubrir?” Asoció el cansancio y problemas de piel con hígado, pidió varios exámenes de las funciones hepáticas. DIO TODO NORMAL. Delante de los resultados normales, el buen profesional preguntó si yo ya había hecho examen anti HCV, o hepatitis C. Dijo que no e hice más ese examen. Día 19 de diciembre de 2007 el resultado, repetido dos veces, finalmente me convenció, lo que había de errado conmigo se llamaba hepatitis C.

De ése día en delante mi vida se transformó en un verdadero infierno. A cada día fui me informando más sobre la enfermedad y tratamiento. Procuré varios hepatólogos, algunos más bien informados y preparados para el ejercicio de la Medicina que otros, como acontece en cualquier profesión, pero cuando es la vida de la gente que está en análisis, normalmente nos gustan las soluciones. Descubrí que mi genotipo es el 2, que en el inicio mi carga vírica era baja y, con la dolorosa biopsia, que había fibrosis 1 en mi hígado. El costo elevado del tratamiento me llevó a solicitar la droga junto al sistema público de salud. Negaron el interferón pegilado, solo concedido a los que tienen genotipo 1. Entré con mandado de seguridad. La jueza entendió qué no era mandado de seguridad y sí de deber de hacer. Entré con deber de hacer. El parecer de la segunda jueza es un primor para quien siempre pagó sus impuestos en día: cuestiona el costo del medicamento, si no hay un medicamento genérico, ¿más barato y con el mismo efecto, el tiempo del tratamiento prescribo por el médico y, el mejor de todos los cuestionamientos de ella, porque tratar si la enfermedad es assintomática? Allende hepatitis C pasé a ser portadora de INDIGNACIÓN. ¿Acaso tenemos opción de pagar un impuesto más barato? ¿O por menos tiempo? ¿O de no pagar ya que el impuesto es “asintomático”? Descubrí que, con la demora del proceso, puedo contribuir para economía del Estado si yo hago el favor de m-o-r-i-r.

Descubrí que un Hospital Público haría una selección de pacientes para testar el interferón pegilado en pacientes con hepatitis C genotipo no 1. Investí tiempo, esperanza y fe en esa posibilidad. Después de un calvario de posibilidades e imposibilidades, finalmente día 13 de febrero de 2009, un viernes 13, recibí la primera dosis del interferón pegilado y ribavirina. Desde el día 19 de diciembre de 2007 hasta el día 13 de febrero de 2009 no hubo un único día en el que yo no haya luchado para conseguir el tratamiento. Lloré hecho niño en la primera aplicación del interferón, en una mezcla de alegría por haber conseguido las drogas y por tener conciencia del desafío de cura que también empezó en aquel momento.

Los efectos secundarios son difíciles, pero administrables, pero tiene un efecto secundario que me gustó: la posibilidad de hacer un balance de mi vida hasta aquí y después del tratamiento. La dureza del tratamiento se contrapone a la clareza de la mente. El resultado de la carga viral después de la semana 4 me incluyó en el grupo de los que están respondiendo al tratamiento, esto es, disminuye más de 2 log de la carga viral inicial, antes del inicio del tratamiento. Esta noticia asociada a la finalización del tratamiento es un gran estímulo para continuar el tratamiento y aguantar los efectos secundarios.

¿Cómo fui infectada? No sé. Nunca hice transfusión de sangre, no soy usuaria de drogas, no hice tatuajes, soy yo misma que hago mis uñas con herramientas propias. Queda la posibilidad de dentista o de las jeringas de vidrio hervidas entre usos diferentes. No puedo afirmar con certeza, pero en mi intuición yo creo que fue a través de esas jeringas de vidrio que fui infectada. Cuando niña tuve muchas infecciones de garganta y mi tía hacía las inyecciones de penicilina en casa. Parece que estoy viendo aquella cajita de aluminio que tenía la jeringa de vidrio y dos agujas, una mayor y otra menor, una para adultos y otra para niños, que eran hervidas entre usos diferentes.

¿Cuál fue el momento más difícil hasta ahora? Fue cuando un médico me dijo que necesitaba hacer un examen de sangre en mis hijos, pues ellos podrían tener se infectado durante la gestación o el parto, probabilidad del 2%, pero que podría haber ocurrido. En ese momento mi mundo cayó. Y solo quien es madre o padre va a entender eso, me disculpen los demás. Podía yo estar infectada, sufrir con el tratamiento, correr el riesgo de la no cura, ¿pero mis hijos? ¿Dos niños? Inmediatamente los llevé para hacer la colecta. Y temblé hecho vara verde cuando fui a buscar el resultado de los exámenes. Estaba tan nerviosa que pensé que iba mismo caer en el suelo. Pensé en llevar el resultado para que el médico leyese. Pero mi opción delante de los problemas de la vida, afuera o adentro de mí, siempre fue de enfrentar, no de fugarse. Para mi mayor felicidad el resultado de los dos niños dio negativo. Otra noticia buena: mi esposo también no fue infectado.

Tengo mucha esperanza en las drogas nuevas que están en investigación actualmente, para que sean más eficientes en eliminar el virus y menos eficientes en eliminar el hospedero.

Desde el día 10 de febrero de 2010 estoy en estado de gracia con la noticia de la CURA. Es la mayor conquista de mi vida hasta ahora.

¿Qué yo diría a quién esté infectado? DIGO QUE LA CURA ES POSIBLE Y QUE USTED DEBE HACER El TRATAMIENTO PORQUE USTED ES MUY MAYOR QUE El MIEDO Y LOS EFECTOS SECUNDARIOS. ¡Hepatitis C tiene CURA!

Carlos Varaldo
www.hepato.com
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